孫子兵法
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Siete clásicos militares · Trece capítulos

El arte de la guerra

Lea los trece capítulos de El arte de la guerra de Sun Tzu en español, con referencias estables por párrafo, resúmenes editoriales, principios clave, enlaces al original chino y navegación continua.

13capítulos
74pasajes traducidos
64principios clave
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01Cálculo inicial — Capítulo IEste capítulo define la guerra como un asunto vital para el Estado y la vida de su pueblo. Sostiene que, antes de decidir, se deben establecer cinco ámbitos de evaluación —el propósito común, el cielo, la tierra, el general y la disciplina— y comparar enemigo y propio mediante siete cálculos. La comparación no es un simple puntaje: sirve para identificar ventajas explotables y formar planes que dominen la situación. Las técnicas de engaño pertenecen al manejo de la información y la percepción, pero todo vuelve al cálculo previo: cuanto más completos sean las condiciones, la preparación y el juicio antes del combate, más previsible será el resultado.02Gastos de guerra — Capítulo 2Este capítulo se centra en el tiempo y el costo de la guerra. Una vez movilizado un gran ejército, el transporte, el equipamiento, las requisiciones y la inflación consumen continuamente la potencia del Estado; aunque las maniobras tácticas sean brillantes, la prolongación puede borrar el significado de la victoria. Por eso usar la fuerza exige alcanzar el objetivo con rapidez y acortar las cadenas de suministro propias. Aprovechar los recursos humanos y materiales del enemigo implica no solo saquear, sino también premiar, reorganizar y convertirlos, de modo que derrotar al enemigo pueda fortalecer en lugar de debilitar al propio Estado.03Ataque por la estrategia — Capítulo 3Este capítulo plantea la idea de la "victoria completa": la mejor victoria preserva el interés general. El máximo logro no es ganar en batalla abierta, sino quebrantar antes los planes y alianzas del adversario para privarlo de condiciones de resistencia; el asedio es la última opción por su alto costo. El texto aborda además comparación de fuerzas, la relación entre soberano y general y las condiciones para conocer la victoria, enfatizando que el poder político no debe usurpar la competencia militar y que el mando debe comprender enemigo, propia fuerza, tiempo y la voluntad organizacional.04La forma del ejército (Capítulo IV)Este capítulo trata los límites entre lo que puede controlarse y lo que no. Primero se establecen las condiciones que garantizan que uno no pueda ser vencido; si el enemigo ofrece o no una oportunidad para ser derrotado no es algo que pueda forzarse. El buen estratega no busca hazañas brillantes, sino batallas con condiciones maduras y resultados previsibles. El orden: medida, cálculo, número, comparación y victoria, muestra que la ventaja nace de evaluar sucesivamente espacio, recursos, cantidades y la relación de fuerzas.05Ímpetu militar — Capítulo VEste capítulo trata de la formación del 'ímpetu': desde la organización y el mando hasta cómo se crea una posición favorable. Gobernar multitudes como si fueran pocos depende de la estructura y las señales; las variaciones en combate se reducen a la alternancia entre lo recto y lo inesperado. El ímpetu no es una sensación abstracta, sino la combinación de posición, velocidad, ritmo y condiciones que se libera como fuerza. El líder experto no exige solo coraje individual, sino que diseña el entorno para que personas comunes, en la posición adecuada, produzcan un efecto colectivo.06Debilidad y fortaleza — Capítulo VIEl núcleo de este capítulo es tomar la iniciativa para que el oponente actúe según nuestro diseño, en lugar de forzarnos a reaccionar. Mediante ventajas y desventajas, velocidad, simulaciones y ocultamiento se dispersa la defensa enemiga y se concentra la propia en el punto decisivo. La mayor destreza es carecer de forma, de modo que el enemigo no sepa dónde asignar recursos. El final utiliza la analogía del agua: el agua evita lo alto y busca lo bajo; las tropas evitan lo sólido y atacan lo vacío. Las formas no deben fijarse: deben cambiar según el enemigo y el terreno.07Contienda militar. Capítulo séptimoEste capítulo trata las dificultades que va desde la concentración de las tropas hasta la disputa por posiciones ventajosas. Convertir lo indirecto en ventaja exige combinar incentivos, rutas, velocidad y logística; perseguir solo la apariencia de rapidez puede ocasionar pérdida de bagajes y la fragmentación de las fuerzas. Se presenta el principio de “viento, bosque, fuego, montaña” para modular el ritmo de acción, y se enfatiza la coordinación mediante señales (tam-tam y banderas), la gestión de la moral y la resistencia física, y la moderación ante fingimientos, cebos, retornos y enemigos acorralados.08Nueve cambios — Capítulo ochoEste capítulo enfatiza que los principios no deben aplicarse mecánicamente sin atender la situación. Hay caminos que no se deben tomar, ejércitos que no se deben atacar, ciudades y terrenos que no conviene disputar, e incluso órdenes del soberano que no deben seguirse si resultan perjudiciales. El juicio maduro percibe riesgos dentro de las ventajas y busca soluciones dentro de los peligros. Al final se enumeran cinco defectos peligrosos en un general: la disposición a morir, la obstinación por conservar la vida, la ira y la precipitación, la honradez extrema y el amor al pueblo; si se vuelven excesos, todos pueden ser explotados por el enemigo.09Marcha, Capítulo IXEste capítulo parte del trato del ejército con montañas, aguas, ciénagas y llanuras, y avanza a cómo juzgar la situación por señales sutiles del entorno y del enemigo. El movimiento de árboles, el alzar de aves, el polvo, las palabras, el régimen de premios y castigos y la actitud de las tropas son señales que deben leerse en conjunto. Al final se combina disciplina organizativa y lealtad: castigar a quien aún no se ha afiliado provoca rechazo; prometer castigos y no aplicarlos tras la adhesión vuelve inútil al mando. La consistencia en las órdenes crea confianza.10Terreno — Capítulo décimoEste capítulo distingue seis tipos de terreno —comunicable, colgante, ramificado, angosto, peligroso y lejano— y luego enumera seis formas de derrota: huida, relajación, caída, desbandada, confusión y rendición. Las primeras son condiciones externas; las segundas suelen deberse a errores de mando y organización y no deben atribuirse al clima. El general debe juzgar independientemente la conveniencia del combate según la relación entre fuerzas y terreno, priorizando la protección del pueblo y el interés del Estado. Amar a las tropas requiere poder mandarlas; sin autoridad, la indulgencia se vuelve necedad.11Nueve terrenos, capítulo XIEste capítulo distingue nueve tipos de terreno —disperso, liviano, disputado, intersección, encrucijada, pesado, obstruido, cercado y mortal— según la relación entre ejército y campo de batalla, y asigna principios distintos a cada situación. Profundizar en el territorio enemigo cambia la psicología y la cohesión de las tropas; el mando debe unir voluntades, asegurar los suministros y controlar la información. La metáfora de la serpiente de Changshan ilustra la reacción sistémica de auxilio entre cabeza y cola. El objetivo no es memorizar los nombres, sino comprender cómo posición, vías de retirada, recursos y ánimo transforman la acción.12Ataque con fuego — capítulo doceEste capítulo, que a primera vista trata las condiciones del ataque con fuego, enfoca en realidad la necesidad de coordinación entre medios, momento y respuesta. Los ataques incendiarios tienen distintos objetivos; antes de emplearlos hay que disponer de suministros y condiciones meteorológicas adecuadas; una vez iniciados, es preciso observar la reacción enemiga para decidir si proseguir. Incluso si se vence y se toma el botín, si no se consolidan los resultados el esfuerzo habrá sido en vano. Al final, la prudencia en la guerra se eleva a una ética política: el soberano y el general no deben emprender una campaña por ira pasajera, porque las emociones pueden cambiar, pero una nación perdida o los muertos no vuelven.13El uso de espías — Capítulo XIIIEl capítulo final advierte que el enorme coste de la guerra demuestra el valor de la inteligencia: escatimar en agentes mientras se obliga a la población a soportar años de gasto es necio e inhumano. La verdadera presciencia no procede de dioses, analogías o conjeturas, sino de personas que conocen al enemigo. Existen cinco clases de informantes —locales, interiores, dobles, sacrificados y supervivientes— cuya acción conjunta crea una red verificadora. El contraespionaje es el núcleo que permite identificar y usar la red enemiga. El trabajo de inteligencia exige sabiduría, rectitud, sutileza y absoluto secreto.